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viernes, 22 de agosto de 2014

Bisaurín (2.670 m.) por Lizara, 3 de marzo de 2013

Distancia: 12 kilómetros
Tipo de recorrido: ida y vuelta 
Desnivel acumulado: 2.440 m. 
Tiempo de marcha: 7 horas (incluyendo paradas)

El Bisaurín es una de las cumbres más destacadas del Pirineo Occidental, debido a su prominencia y su situación, en la divisoria de los valles de Hecho y Lizara. Es una montaña muy concurrida, que no presenta dificultades técnicas y que por tanto puede ser ascendida fácilmente durante todo el año, aunque en invierno es recomendable el uso de piolet y crampones por lo empinado del último tramo.

Su ascenso se puede acometer desde dos refugios, el de Gabardito (abierto la temporada de verano y todos los fines de semana del año excepto Navidad) y el de Lizara (guardado todo el año), ambos comunicados por carretera, lo que facilita su acceso. No obstante, en invierno podemos encontrarnos con problemas para llegar si hay mucha acumulación de nieve.
Tanto si ascendemos desde Gabardito (1.280 m.) como desde Lizara (1.540 m.), alcanzaremos el Collado de Lo Foratón (2.016 m.) y a partir de aquí la ruta su unifica hasta la cima. Esta cumbre, al igual que muchas otras, ofrece mayores atractivos en invierno, ya que la subida veraniega es un tanto aburrida, aunque ofrece unas vistas privilegiadas. No obstante, a mi gusto, el ascenso desde Gabardito ofrece mayores atractivos paisajísticos.


En esta ocasión afrontamos la subida desde Lizara y en condiciones invernales. Ya hace un par de años que nos encaramamos a la cima de esta montaña en verano (también desde Lizara) y posteriormente hicimos parte del ascenso desde Gabardito durante La Senda de Camille, lo que nos brindó la oportunidad de conocer su otra vertiente, que a nuestro parecer es más bonita y entretenida de recorrer. 

Hay bastante nieve acumulada y aunque podemos acceder hasta el mismo refugio con la furgoneta, nos encontramos con que aparcar es imposible y dar la vuelta bastante complicado. Localizamos carretera abajo un sitio para quedarnos quietos todo el fin de semana, lo que nos hará añadir un ratito más de caminata al ascenso. 
Tras pasar todo el sábado paseando con las raquetas y disfrutando del entorno del refugio, el domingo madrugamos y nos disponemos a ascender el pico.

A las 9:50 alcanzamos el refugio de Lizara pero nos detenemos sólo para sacar alguna foto con el Bisaurín al fondo, nuestro objetivo de la jornada, que se alza con su manto blanco, mucho más elegante que de normal. 
A esta hora la nieve está aun bastante helada y hay una huella ancha y bien marcada, así que optamos por quitarnos las raquetas porque vamos más ligeros sin ellas.


Iniciamos el ascenso siguiendo el balizaje de la GR11, un camino que en nuestra última visita a esta zona recorrimos en sentido inverso. Dejamos a la derecha el sendero que sube hacia el Puerto de Vernera y el Valle de los Sarrios, por donde continúa la Senda de Camille hacia Somport, y vamos ganando altura sin demasiado esfuerzo. 

Hay bastante gente subiendo, algunos con raquetas o directamente a pelo como nosotros, pero la mayoría con esquíes, y ya vamos pensando en la envidia que nos van a dar cuando toque bajar…

El cambio de senda veraniega por huella invernal en la nieve nos tiene fascinados, además de ir más cómodos y más frescos, encontramos más atractivo el camino. No se puede pedir más…
A las 11:10 asoma ya a la derecha la pala final, parte más dura del ascenso, que en verano es una cuesta de piedra suelta incómoda y trabajosa, y que hoy esperamos sea muy diferente. 

Continuamos el ascenso en zigzags sucesivos, ganando altura rápidamente hasta el Cuello de Lo Foratón (2.016 m.), que alcanzamos a las 11:30, tras habernos saltado alguna que otra curva, con lo que llegamos un tanto acalorados.

El Collado es una amplia cresta que supone el punto de confluencia de la GR11 y La Senda de Camille hacia el Refugio de Gabardito y las ascensiones del Bisaurin y del Puntal Alto de Lo Foratón (2.155 m.), que se encuentra justo enfrente de la cima principal. La amplia zona herbosa está ahora cubierta de nieve y no invita a descansar, ya que sopla además un viento helado que nos hace volver a abrigarnos. 

Desde aquí vemos la hilera de hormiguitas que ascienden poco a poco, marcando el camino a seguir por la pala y nos ponemos de nuevo en marcha tras calzarnos los crampones y desenfundar nuestros piolets.

La nieve comienza a ablandarse pero la inclinación del terreno hace que no esté de más tomar precauciones. 


La huella está bastante estropeada por los descensos y cuesta seguirla, hay escalones muy desiguales y vamos irremediablemente rompiéndola todavía más. Hacemos algún que otro descanso para recobrar el aliento y aprovechamos para sacar fotos del camino que vamos dejando atrás.











A las 13:15 alcanzamos la cumbre, casi sin aliento por el esfuerzo realizado en los últimos metros. Desde allí las vistas son sencillamente impresionantes, miremos a donde miremos. Una sucesión de picos nevados hasta donde nos alcanza la vista, una gozada. 






Inmortalizamos nuestra gesta desde varios ángulos pero sin perder mucho tiempo, ya que el viento helado nos obliga a mantenernos en movimiento, y ni nos planteamos comernos el bocadillo aquí arriba, así que en escasos 15 minutos cumplimos con los trámites cimeros y nos ponemos en marcha hacia el valle.




Comprobamos cómo efectivamente la gente baja cual rayo en sus esquíes mientras que nosotros intentamos no hundirnos demasiado en la nieve, ya bastante pastosa. 

Mientras pensamos si esa puede ser nuestra siguiente etapa en el mundo montañero, disfrutamos del paisaje en el descenso y nos vamos parando de vez en cuando a hacer fotos.

Dejamos atrás el Collado de Lo Foratón sin detenernos y continuamos bajando a buen ritmo y ahora si resguardados del viento. A las 14:30 hacemos un descanso en el punto donde termina el zigzag y aprovechamos para picar unos frutos secos.

Seguimos descendiendo por el trazado del GR11 y llegamos al refugio a las 15:30. Este fin de semana de buen tiempo ha atraído a mucha gente a la montaña y estamos en plena hora punta, así que nos tenemos que conformar con sentarnos en la nieve a la puerta del bar.
Con un hambre considerable devoramos el bocadillo y lo acompañamos con un café/colacao bien calentito, que nos sabe a gloria.

Añadimos a la jornada 20 minutos más de caminata de regreso a la furgoneta y un buen rato de carretera de regreso a la ciudad. Nuestro primer ascenso a una cima en invierno ha sido un éxito, y ya empezamos a pensar en el siguiente destino…  



lunes, 30 de junio de 2014

Gran Facha (3.005 m.) por Respomuso, 21 de septiembre de 2013

Distancia: 14,50 kilómetros (ida)
Tipo de recorrido: ida y vuelta (en dos jornadas)
Desnivel positivo acumulado: 1820 m.
Tiempo de marcha: 7 horas 30 minutos + 2 horas

El pico conocido como Gran Facha (nombre que desde luego no le hace justicia) o Cúspide de Bachimaña es una cumbre fronteriza entre España y Francia de 3.005 metros de altura. 
Es una montaña de silueta piramidal que forma junto con el pico Llena Cantal (2.956 m.) y el pico Tebarray (2.916 m.), un ramillete de cimas muy vistosas, de esas que dibujamos cuando somos niños y con las que soñamos cuando somos mayores. Esta zona además, ofrece un gran atractivo paisajístico al contar con varios ibones y embalses, habiendo varias excursiones y travesías que ofrecen unas maravillosas vistas en cualquier época del año. 
Es una cima muy solicitada por montañeros franceses y españoles, y puede ascenderse desde el Valle Wallon o desde Respomuso/La Sarra, vertiente por la que nosotros nos hemos decantado. 

En esta ocasión hemos decidido no madrugar demasiado porque tenemos la intención de pernoctar en ruta, así que no tenemos la presión de tener que estar de regreso en la furgoneta o en el refugio a una hora concreta. Hoy estableceremos el ritmo en función de las horas de luz y del sitio que elijamos para plantar nuestra pequeña tienda.


Salimos pues del aparcamiento del Embalse de La Sarra (1.440 m.) donde tantas veces hemos dormido ya a las 10:30, y comenzamos el ascenso hacia el Refugio de Respomuso.

















Este camino, que es trazado del GR11, remonta el Valle de Aguas Limpias, y lo hemos hecho muchas veces ya, pero nos sigue pareciendo un paseo precioso y lo disfrutamos una vez más como si fuera la primera. La señalización marca dos horas y media hasta el refugio, se puede hacer en menos, pero realmente no tenemos ninguna prisa. 

Tras media hora de ruta pasamos por el desvío al Pico Arriel, y más adelante por el que lleva a los Lagos de Arriel, y continuamos ascendiendo cómodamente.

Vamos haciendo alguna parada para sacar fotos, coger agua fresca, comer frambuesas… de paseo, en definitiva. 


A las dos horas de camino aparecen los primeros picos, lejanos todavía, pero el paisaje típico de esta zona del Pirineo, con sus pirámides perfectas, ya se va asomando poco a poco. 
Lo veremos en todo su esplendor cuando alcancemos la altura de la presa, ya que desde allí la panorámica es espectacular: un balcón frente al Circo de Piedrafita, el embalse de Respomuso y el refugio que lleva su nombre.


Ante nosotros tenemos los picos de Gran Facha (3.005 m.), Llena Cantal (2.956 m.) y Tebarray (2.916 m.), tres pirámides que se elevan orgullosas y que parecen desafiarnos a encaramarnos a ellas trepando por sus faldas. 


A las 13:00 alcanzamos el Refugio de Respomuso (2.220 m.), y aprovechamos su sombra para detenemos a picar algo, hacer alguna foto y consultar la ruta en el mapa. Pasamos por el Ibón de Ranas y por algún que otro pequeño ibón, donde los picos se reflejan ofreciendo una estampa idílica que nos obliga a pararnos sí o sí. 


Continuamos siguiendo las marcas de la GR11, y pasamos por una zona de hierba al lado del río que parece ser el lugar ideal donde dormir hoy, tomamos buena nota. 
A partir de aquí el camino ya no es común a la Senda Pirenaica, que se dirige hacia Panticosa pasando por el Cuello de Tebarray, mientras que nosotros seguimos hasta la presa del Ibón de Campoplano (2.140 m.).

Avanzamos por el evidente camino hasta llegar a la pared-presa de Campo Plano. Un cartel nos indica que debemos pasar al otro lado de la pared si queremos seguir dirección a la Facha. De todas formas es fácil orientarse, pues debemos de seguir en todo momento el camino trazado en dirección al barranco de Campo Plano.



Tras una paradita para hacer algunas fotos con el objetivo del día (que aún se ve lejano) y el ibón en primer plano, retomamos la marcha bordeando el lago. Son las 14:15, el día sigue avanzando, y aun nos queda mucho camino por recorrer.





Casi sin darnos cuenta comenzamos a remontar el Barranco de Campoplano, teniendo a partir de ahora en frente la pirámide de La Facha, como la zanahoria delante de la nariz del burro.

El camino discurre por la margen derecha del torrente, que nos acompaña con su frescor mientras ascendemos por el terreno, un tanto irregular y salpicado de piedras.


Cuando ya llevamos un rato remontando el cauce del barranco, y en el sitio más tonto que uno se pueda imaginar, nos caemos a cámara lenta sobre unas piedras bastante poco cómodas que nos dejan, aparte de un buen susto, alguna que otra marca de guerra para los días venideros. Somos conscientes una vez más, de lo que un pequeño traspiés puede conllevar en la montaña, y de la importancia de caminar con los cinco sentidos. Hacemos el consiguiente “informe de daños” y vemos que no hay nada grave que lamentar ni que nos impida continuar, así que lavamos y desinfectamos las heridas (un botiquín básico bien equipado es algo que nunca está de más llevar) y seguimos ascendiendo. Además ya tenemos tema de conversación para un buen rato porque la caída ha sido realmente de las tontas…


Vamos dejando atrás la hierba ya que el terreno se va volviendo cada vez más rocoso conforme ascendemos. Igualmente la cuesta se va haciendo cada vez más empinada, y es que estamos ya encaminados hacia el Collado de La Facha, que tiene una altura considerable. 

Antes de alcanzar el Collado llegamos a un falso collado que nos deposita a 2.515 metros, en Los Ibones de La Facha. 

Son las 15:45 de la tarde, agradecemos que a estas alturas de verano no hace mucho calor, porque en pleno agosto y a estas horas lo que nos queda ahora mismo por delante sería mortal.



El camino rodea los ibones por su margen derecha, por una senda estrecha y colgada que atraviesa un nevero con una grieta bastante amenazadora a sus pies. La grieta no parece cómoda, así que caminamos despacito para evitar cualquier inoportuno resbalón. 


Tras la grieta el nevero se interna en el agua, dando lugar a esos colores turquesa que nos recuerdan a los glaciares de Argentina, y preferimos no imaginarnos lo fría que tiene que estar y lo complicado que tiene que ser salir de ella con la mochila bien cargada, así que caminamos con mucho cuidado y piolet en mano como medida de precaución.




A las 16:00 alcanzamos el Collado de La Facha (2.664 m.), tras superar una dura ladera pedregosa. Desde este privilegiado balcón las vistas son espectaculares. En primer lugar, miramos hacia abajo buscando el camino que acabamos de recorrer, y la vista de los ibones, el nevero y su grieta, enmarcados por todos los picos que se ven a lo lejos, nos deja con la boca abierta. 


Hacia la vertiente francesa, las vistas son igualmente una gozada, las disfrutamos mientras comemos algo, porque hay que coger fuerzas para lo que queda por delante: casi 350 metros de desnivel hasta la cima por la arista Norte de esta pirámide de libro, ahora rocosa y hostil. 

El terreno está bastante descompuesto, y se gana altura rápidamente por lo escarpado de la pendiente. Enseguida nos despistamos de los hitos de la ruta y vamos ganando altura a las bravas, como nos suele pasar en estos casos, utilizando a ratos las manos para progresar, pero sin mayores complicaciones. 
A los pocos metros optamos por despojarnos de las pesadas mochilas y las dejamos escondidas en una cornisa algo resguardada, llegaremos a la cima sólo con la ropa de abrigo, la cámara y el trípode. 

Coronamos la cima a las 17:40, una hora muy tardía si pretendiéramos regresar hasta La Sarra hoy, pero no es nuestro caso. 

La panorámica que se extiende ante nuestros ojos es impresionante. Reconocemos las siluetas de picos de renombre de la cordillera pirenaica, algunos los hemos ascendido, otros están en la lista de los que queremos ascender.


Estamos acompañados en la cima por un ciudadano francés que ha subido a esta hora para quedarse a ver el atardecer. Nos imaginamos que tiene que ser una vista espléndida, pero no nos motiva nada destrepar la arista a oscuras y mucho menos descender todo el barranco sin luz hasta donde hemos pensado pernoctar, así que ni nos lo planteamos. 


Hacemos varias panorámicas generales y nos llaman especialmente la atención las siluetas de los Picos del Infierno (3.081 m.), el Balaitous (3.144 m.) y como no el Vignemale (3.298 m.), todas ellas imponentes.
Posamos enmarcados por los Picos del Infierno, recordando nuestro paso por ellos el año pasado.


Al margen de los picos, la vista hacia lo profundo de los valles de ambas vertientes es espectacular, plagados de ibones y salpicados de neveros aquí y allá.


   

Tras pasar media hora larga en la cima vemos la sombra de La Gran Facha cernirse sobre los Lagos de La Facha, en el lado francés, y decidimos comenzar a descender para que no se nos haga de noche de camino.


Aprovechamos el descenso para hacer las últimas fotos, ya que la vista desde cualquier saliente es impresionante, y no nos resistimos a hacer algún que otro posado. 


Destrepamos poco a poco siguiendo los hitos, echando las manos continuamente a las rocas, recuperamos nuestras mochilas y llegamos al Collado a las 19:00.



Volvemos a pasar por los Ibones de La Facha, despacito y con buena letra aunque a paso un tanto más ligero que a la subida porque la luz se nos escapa y aún queda mucha bajada hasta plantar nuestra pequeña tienda.






Una vez a los pies del barranco, echamos la vista atrás y vemos cómo la última claridad del día tiñe la pirámide de La Facha de un tono rosado que no tarda en desaparecer. 


Esperamos que el montañero francés haya sacado buenas fotos y tenga una buena bajada en penumbra. 


Seguimos descendiendo, cada vez con menos luz, y cada vez a paso más ligero, y finalmente a las 20:00 nos quedamos a oscuras, justo en el momento en que llegamos a nuestro lugar de descanso. A la mañana habíamos localizado una pequeña campa a la izquierda del cauce que desciende del Ibón de Campoplano, que resulta ser efectivamente un lugar ideal. 
Montamos la tienda alumbrados con los frontales, nos aseamos un poco y nos ponemos ropa de abrigo. Nos regalamos una estupenda cena caliente a base de sopa y pasta, que bien merecida nos la tenemos y nada más degustarla nos metemos al calor del saco, en este maravilloso hotel para nosotros solos.

Mañana será otro día y continuaremos con el descenso hasta La Sarra. 



Tras un sueño reparador amenizado por el ruido del agua, abrimos el ojo con las primeras luces de la mañana. Aun luce claramente en el cielo la luna, pero nos ponemos en movimiento y recogemos la tienda antes de que comience el trasiego de gente.

Desayunamos bien abrigados y nos ponemos en camino hacia Respomuso, con idea de decidir allí si alargamos un día más nuestra excursión o no.

Finalmente decidimos bajar a La Sarra y dejar la visita a los Lagos de Arriel para otra ocasión. 



Como despedida de este maravilloso fin de semana, vemos a las marmotas correteando por las orillas del Embalse de Respomuso. Se nota que el verano está muy avanzado porque su figura se aleja bastante de cuando las vimos a principios de mayo “recién levantadas” de su siesta invernal… 













En apenas dos horas de descenso estamos en la furgoneta y emprendemos el regreso a la ciudad, con la sensación de satisfacción que da haber cumplido un objetivo, habiendo disfrutado plenamente del intento y de cada momento. 




miércoles, 26 de marzo de 2014

Aneto (3.404 m.) por La Renclusa, 20 de agosto de 2013

Distancia: 16 kilómetros
Tipo de recorrido: ida y vuelta
Desnivel acumulado: 3.379 m.
Tiempo de marcha: 10 horas


El Aneto, montaña de renombre donde las haya, con sus 3.404 metros sobre el nivel del mar, es el pico más alto de todo el Pirineo. Situado en el Valle de Benasque (Huesca), se enclava en el Macizo de La Maladeta, dentro del Parque Natural Posets-Maladeta. El Aneto está franqueado por el mayor glaciar que subsiste en la cordillera pirenaica, con unas 90 hectáreas de superficie, aunque se encuentra en regresión como consecuencia del cambio climático, y ha perdido en los últimos 100 años más de la mitad de su superficie, creyéndose que puede llegar a desaparecer en los próximos 30 o 40 años. Es por tanto necesario durante todo el año el uso de material de invierno.

Afrontamos su ascenso casi por casualidad, ya que venimos haciendo la GR11 desde Espot y el pie de Jorge dio ayer muestras de cansancio, con lo que hicimos parada técnica en Benasque. No obstante, lejos de tomarnos un día de descanso, decidimos que la mejor forma de ponerlo a prueba es lanzarnos a subir esta mítica cumbre, que ahora tenemos tan a mano.
Nos aprovisionamos como es debido en Benasque, alquilamos el material necesario, cenamos por todo lo alto y dormimos en una cómoda cama dejando todo preparado para el madrugón que nos espera a la mañana siguiente.
Amanecemos (por decir algo) a las 4:00, pero la noche aún es cerrada y no se ve un alma por la calle. Nos ponemos en marcha como zombis, más vale que ayer dejamos todo listo y solo tenemos que lavarnos la cara y vestirnos. Ayer compramos algo para desayunar en el autobús, y aunque a estas horas no tenemos ni hambre, nos obligamos a echar algo de combustible al cuerpo porque el día promete ser duro.

A las 4:30 estamos ya en el autobús que nos llevará, paralelos al Río Ésera, hasta el Plan de Besurta (1.920 m.), pasando por el Plan de Senarta y el Plan del Hospital, ya que en verano la carretera está cortada al público. Poco a poco el bus se va llenando de montañeros de todas las edades en las sucesivas paradas que vamos haciendo.
Llegamos a las 5:00 y nada más bajar del autobús nos damos cuenta de que nos hemos venido los dos sin frontales. Todo preparado desde ayer, si, pero los dos frontales en la mochila que hemos dejado en el hotel. Nos salva una providencial luna llena y que el resto de integrantes del pelotón ascensionista si han venido bien preparados, con lo que nos camuflamos entre ellos y nos beneficiamos de sus pequeños resplandores.

Comenzamos el ascenso por un sendero bien marcado y señalizado, que en alrededor de 45 minutos y tras 1,70 kilómetros de caminata nos lleva hasta el Refugio de La Renclusa, que a 2.160 m. ostenta el honor de ser el más alto del Pirineo, y uno de los más concurridos. Hemos subido al ritmo del resto de montañeros, sin poder detenernos a quitarnos ropa por no quedarnos rezagados y sin luz, y agradecemos una pequeña parada para quitarnos los cortavientos.

Nos reenganchamos al rebufo de otras luces al salir del refugio, por uno de los muchos caminos que ascienden con fuerte pendiente hacia la cima del Aneto. Debido a la poca visibilidad que hay no identificamos muy bien la ruta, aunque está bien marcada por hitos, que sube en dirección SE, paralela a la cresta de los portillones. Vamos en pequeños grupos cada uno por un camino y todos un poco a tientas, pero ascendemos a buen ritmo y sin demasiadas complicaciones, agradeciendo a la claridad del día, que poco a poco comienza a iluminarnos con esa luz rosada que resulta tan espectacular en las alturas.
  

Observamos entusiasmados cómo la luz va ganando terreno a la oscuridad, iluminando poco a poco las cumbres que nos rodean, y viendo cómo allá a lo lejos asoma entre lo que parecen islas de piedra un mar de nubes de impecable blancura. 

Hacemos infinidad de fotos y panorámicas, pero como suele ocurrir en estos casos, las imágenes no terminan de recoger la belleza del paisaje. En nuestra cabeza se conservará intacto, eso sí, este instante puro de libertad y placer, para poder echar mano de él cuando el asfalto de la ciudad nos saque de nuestras casillas.









Ascendemos unos cuantos metros más, pero a las 7:20 el sol asoma por fin entre las rocas regalándonos un paisaje espectacular, ante el cual no podemos sino detenernos de nuevo y desenfundar la cámara.


A las 7:40, con el sol bastante alto y una visibilidad total, llegamos un tanto enriscados a la Cresta de los Portillones, una brecha rocosa que une prácticamente la cumbre de La Maladeta (3.308 m.) con el Refugio de La Renclusa. Desde aquí el resto de la ruta es más que obvia, y el objetivo del día se muestra en toda su majestuosidad. Allá vamos. 


Continuamos ascendiendo un poco más hasta alcanzar el Portillón Superior (2.908 m.), que es una estrecha brecha en la cresta que comunica ambos lados.  Nos asomamos entre las paredes de roca como si de una ventana se tratara, la vista es imponente.

Este paso supone más o menos el ecuador de la ascensión, y es el punto indicado para equiparse con crampones, encordarse, etc. Nosotros vamos a ir sueltos, así que nos calzamos las puntas alquiladas y cambiamos los bastones por el piolet. 


Son las 8:30 y nos disponemos a afrontar una de las estribaciones del glaciar, viendo ya que al terminarla tendremos que parar a quitarnos los crampones para atravesar una zona de canchal. 

Procuramos ponernos en marcha rapidito para dejar atrás un grupo bastante numeroso que tiene toda la pinta de terminar provocando algún atasco.



Avanzamos cómodamente aunque con los cinco sentidos  bien atentos por el sendero, siguiendo una huella bien marcada y con la nieve bastante aceptable.
Para las 9:20 ya nos hemos quitado y vuelto a poner un par de veces los crampones para atravesar un par de zonas de piedra. La ruta entonces consiste aquí en buscar la siguiente huella en la nieve y orientarse hacia ella por el sitio que parezca menos complicado.  


A las 10:00 nos encontramos ya caminando por la superficie del Glaciar del Aneto, que en su punto de espesor máximo ronda los 50 metros. 
La huella sigue estando bien marcada y aunque hay algunos pasos de hielo duro, en general la ruta no entraña mayor dificultad, progresando no obstante con cuidado y sin perder la perspectiva del terreno en el que nos encontramos.

Una vez alcanzado el Collado de Coronas (3.198 m.), tenemos ya a tiro la última subida que promete ser dura, hasta la cima anterior al Aneto o Punta Olivera (3.298 m.). En este tramo hay que extremar la precaución por la fuerte pendiente que se salva en poca distancia.


Hoy hemos decidido llevar todo el material en una mochila que nos vamos turnando, y esto hace que el ascenso roce la categoría de paseo comparado con las tres jornadas anteriores de travesía que acumulamos ya en las espaldas.  Por lo demás, aquí arriba se nota que el aire sopla un poquito más fresco y nos ponemos los cortavientos, pero lo cierto es que hace una temperatura muy agradable, ideal para una jornada de montaña bien aprovechada. 






Son ya las 10:20 cuando nos quitamos definitivamente los crampones y junto con Roland, un compañero que nos hemos echado durante el ascenso, ganamos los últimos metros en apenas 10 minutos, por una zona rocosa antes de llegar al famoso Paso de Mahoma (3.390 m.).









Este temido paso de apenas 50 metros de longitud, que en sí no entraña ninguna dificultad técnica, puede suponer un obstáculo psicológico (por lo aéreo y expuesto) por la vertiginosa caída que se abre a ambas laderas.
Suele suponer un embudo donde se forman colas que pueden llegar a superar la hora de espera, pero hoy hemos estado ligeros sabiendo que esto podía pasar, y tenemos vía libre hasta la cima, al alcance ya de los dedos. 

A las 10:35 hollamos la cima del Aneto, punto que supone el “techo del Pirineo”. Abrazos y felicitaciones entre nuestro pequeño grupo de tres montañeros, y comenzamos la larga serie de fotos, posados y panorámicas, aprovechando que tenemos la cumbre prácticamente para nosotros solos, ¡y en pleno agosto!

Las vistas son sencillamente espectaculares hacia cualquiera de sus vertientes, el horizonte aparece plagado de otras montañas, que parecen rendir pleitesía a la cumbre principal sobre la que nos encontramos. 
Miramos con especial interés hacia la zona de Ballibierna y Coronas, desde donde barajamos la posibilidad de subir ayer, y vemos que hemos hecho bien en elegir esta vía, más marcada y transitada.


Desde que estuvimos en Nepal en 2011 hemos llevado en la mochila unas banderolas de oración tibetanas, que de vez en cuando hemos sacado para ondear al viento al alcanzar alguna cima. Hoy decidimos que aquí ha terminado su camino: nos han acompañado durante más de un año y medio, pero a partir de hoy, y hasta que el viento lo decida, bailarán atadas a la cruz de hojalata que corona esta cumbre. 










Hay objetos de lo más curiosos atados aquí (queremos pensar que todos tienen detrás alguna historia especial y emotiva) y lo cierto es que no nos convence eso de dejarle a la montaña cosas ajenas a ella, pero la verdad es que tampoco entendemos por qué las cimas tienen que tener cruces cristianas… Así que no nos resistimos a dejar este pequeño trocito de nuestra historia. 


Sea como fuere la cima y su decoración son las que son, así que nos inmortalizamos en ella orgullosos de nuestra hazaña, y nos preparamos para el descenso antes de que se colapse el Paso de Mahoma con la gente que está empezando a encordarse ahora. 


Son las 11:00 y comenzamos el descenso satisfechos y bastante hambrientos. De momento no queremos parar a comer porque suponemos que este sol está convirtiendo poco a poco en sopa la nieve, y con toda la gente que anda yendo y viniendo, preferimos detenernos cuando lleguemos a la Cresta de los Portillones.

Roland comenta que no entiende cómo éste paso tan complicado no tiene alguna medida de seguridad tipo clavijas, nos dice que en los Alpes sería impensable. Nosotros la verdad no le vemos mayor complicación en condiciones veraniegas, y casi creemos que resulta más difícil pasarlo encordados, pero el miedo es libre y respetable, así que entendemos que a la gente le de respeto y prefieran contar con algún seguro. 



El descenso nos deja imágenes preciosas de otros montañeros sobre el glaciar. 



Sobre las 12:00 hacemos un alto en la bajada para refrescarnos, y aunque sabemos que el agua procedente del glaciar es muy pobre en sales minerales, no nos importa lo más mínimo y bebemos con ansia este agua que hoy mismo ha sido creada a partir del hielo.

La vista hacia el valle es sobrecogedora, aquí hay que andarse con mucho ojo porque una caída tendría muchas posibilidades de convertirse en desgracia. 











A las 12:50 por fin tenemos a tiro el Portillón Superior y la consiguiente parada para comernos el bocadillo.


La nieve está en bastante peor estado que la subida, pero la huella sigue siendo una guía ancha y se desanda el camino cómodamente. 





Tras la parada para comer y para recoger definitivamente por hoy el material de invierno, nos ponemos de nuevo en movimiento a las 13:25.


El bocadillo de chorizo al sol, mirando a la cima de la que acabamos de bajar, no nos ha podido saber mejor, y nos ha cargado las pilas para un descenso que no tenemos muy claro por dónde hacer, ya que hemos subido a oscuras.


Pasamos el Portillón Superior echando una última mirada atrás y nos orientamos valle abajo, hacia el Refugio. 



Como suele suceder, la bajada resulta más incómoda que la subida. Nos despistamos varias veces de la ruta y vamos bajando medio a saltos medio destrepando, con el objetivo claro del Refugio que se ve todo el rato, pero bastante a las bravas. Al final nos agotamos física y mentamente, no vemos el momento de salir de tanta piedra y tanto roce con la roca en manos y piernas.

Alcazamos La Renclusa a las 14:40, bastante cansados y nos desparramamos en las escaleras de entrada: nos quitamos las botas dejando que nuestros pobres pies cojan aire, picamos unas galleticas y rellenamos las botellas de agua en la fuente cercana. La verdad es que no hacemos ni entrar al refugio, aunque nos lo apuntamos mentalmente para futuras visitas, ya que el enclave es espectacular y qué decir de los picos que lo rodean… 










Descansamos un buen rato pero decidimos que podemos descansar igualmente en La Besurta esperando al autobús, así que nos calzamos de nuevo las botas y todos los aparejos y caminamos unos 30 minutos más hasta la campa donde nos toca esperar. Volvemos a desparramarnos, esta vez en la hierba, disfrutando del sol y del silencio. 

A las 17:00 cogemos el autobús de regreso a Benasque, nos dirigimos al hotel a por la mochila que hemos dejado guardada a la mañana, devolvemos el material de alquiler y nos encaminamos hacia el camping, desde donde mañana retomaremos la GR11 con rumbo al Refugio de Angel Orús.


Alquiler crampones y piolets: 10 euros/persona
Autobús ida y vuelta Benasque-Besurta: 12 euros/persona