Archivo del blog

Mostrando entradas con la etiqueta GR11. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GR11. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de mayo de 2014

Etapa 9 GR11: Vera de Bidasoa (56 m.) – Faro de Higuer (nivel del mar), 23 de febrero de 2014

Distancia: 31,6 kilómetros
Desnivel positivo: 830 m.
Desnivel negativo: 790 m.
Cota máxima: Collado de Ursain (465 m.)
Tiempo de marcha: 9 horas y 50 minutos



Ayer nos dormimos incluso antes de apoyar la oreja en la almohada, y hemos descansado como bebés, que buena falta nos hacía. Desayunamos solos en la cocina-comedor y salimos del hostal a las 8:40.
El día está completamente despejado, y se nota que nos hemos acercado a la costa porque no tenemos el frío ni se observa la helada que veíamos ayer. Paramos a comprar el pan para los bocatas y se nos hace la boca agua con el surtido de bollos que hay expuesto, y eso que acabamos de darnos un buen desayuno…

Contra todo pronóstico no tenemos muchas agujetas (ayer parecíamos dos octogenarios caminando lentamente mientras íbamos en busca de la cena) y comenzamos con bastantes ganas esta última etapa que nos llevará hasta el mar. 


Recorremos Vera de Bidasoa por su calle principal y a las 9:00 cruzamos el puente gótico que marca la salida del pueblo, última población de la Comunidad Foral de Navarra.
Aprovechamos la parada fotográfica para quitarnos ya las primeras capas de ropa que nos sobran, la temperatura es muy agradable y el día promete calentar.


Tras cruzar el puente aparece la primera señalización de la ruta, el Faro de Higuer, objetivo de la jornada, se encuentra nada más y nada menos que a 30 kilómetros de aquí, y nos costará alcanzarlo alrededor de 8 horas. Nos queda la duda de si ver esto motiva o desmoraliza, pero ni cortos ni perezosos nos lanzamos a caminar.

Comenzamos ascendiendo por un camino ancho y soleado, ya que aun los árboles que lo flanquean no han tenido tiempo de sacudirse de encima el inverno.
A las 9:40 alcanzamos una pequeña collada (230 m.) desde donde tenemos una estupenda vista de Vera y de la bajada que hicimos ayer para alcanzar el pueblo.




Continuamos por una ancha pista forestal donde se observan bastantes árboles partidos, suponemos que es la cicatriz dejada por los últimos temporales de lluvia y fuertes vientos, que este año han azotado la cornisa cantábrica sin tregua.


Aprovechamos el rato de llaneo para charlar y planificar futuras salidas, haciendo “monterapia”, como es nuestra costumbre. Estas etapas sin demasiado desnivel se hacen un poco aburridas, pero lo cierto es que pasear de vez en cuando tampoco está mal.




Poco a poco el camino se transforma en una senda ancha que discurre cómodamente por un hayedo.

Se trata de un camino soleado y tranquilo, donde los árboles cubiertos de musgo y las laderas alfombradas de hojas nos hacen detenernos para sacar fotos una y otra vez. No podemos resistirnos a sacar el trípode y hacer un poco el tonto, ya le vamos cogiendo el truco a este tipo de fotos...



Ascendemos levemente hasta la cota de 392 m. del Collado de Tellería, que alcanzamos a las 10:40, donde podemos divisar el mar, a través de una pequeña ventana en los relieves del paisaje.

Pasamos por varios caseríos y cambiamos la alfombra de hojas por la pista.



A las 10:45 pasamos por una granja que se extiende a ambos lados del camino, y nos detenemos a saludar a uno de sus habitantes, este caballo tranquilo al que no tenemos nada que dar de comer y que nos sigue paralelo a la valla mientras nos alejamos.

Tras pasar un pequeño riachuelo en una curva sombría, avanzamos por un camino estrecho y bastante embarrado, donde nos cruzamos con una pareja que anda un poco perdida y a la que no podemos orientar demasiado porque no conocemos esta zona. 


Salimos a un carretil asfaltado y comenzamos el descenso hacia la Presa de San Antón, por un camino que deja la pista a la derecha y se interna de nuevo en la vegetación. Son las 11:10 y decidimos hacer una pequeña parada para picar algo y descansar un poco nuestros sufridos pies. La compañía que tenemos es de lo más tranquila, estos ponis que pastan tan tranquilos en un pequeño claro del camino, y que casi parecen posar mientras los retratamos.





El camino de bajada hasta la presa atraviesa una zona boscosa y húmeda, con troncos que dificultan el paso y piedras húmedas en las que es necesario poner atención para no terminar con un esguince o por los suelos. Es un paisaje totalmente distinto al que hemos visto hasta ahora.



Tras salir del sombrío bosque, ya con el pantano a nuestro pies, pasamos de largo del bar Ola Berri, porque acabamos de almorzar.  Llegamos a una granja en la que una cabra y sus dos cabritas toman el sol ajenas al jaleo que vamos a provocar sin proponérnoslo con nuestro paso. La madre huye hacia arriba y las dos crías van camino abajo, lo que desata los gritos desesperados de la primera, reclamando nos imaginamos que las segundas regresen a su lado una vez hemos pasado, a lo que ellas hacen caso omiso. 

A las 11:50 llegamos a la Presa de San Antón (240 m.), que se está al límite de su capacidad, y que de hecho desembalsa agua por una de sus compuertas, y es que realmente por aquí ha llovido mucho últimamente.
Bordeamos la presa por la carretera y cogemos una pista que gira a la derecha, bajo la Peña de Aia. Un panel informativo nos hace ver que aun no hemos recorrido 13 kilómetros desde Bera, lo cual no es muy buena señal, en vista de lo cansados que llevo ya los pies…


Nada más entrar en la pista nos cruzamos con un grupo de franceses que están haciendo la HRP, van con ganas de charlar pero nosotros en vista de todo lo que nos queda por delante, queremos aligerar mientras el desnivel nos permita ir en “modo persecución”, así que enseguida los dejamos atrás y apretamos el paso.

Entramos en tierras gipuzkoanas sin darnos cuenta (como generalmente se cruzan las fronteras en la montaña) y tras un rato de llanear comenzamos a subir por la pista por sucesivos zigzags. No frenamos el ritmo y coronamos el Collado de Ursain (460 m.) a las 13:20. La subida se hace larga pero las vistas desde el alto merecen la pena, vemos allá lejos el Orhi (2.016 m.), primera cima que supera los dosmil metros de la cordillera, con su manto blanco invernal. 


Apenas 10 minutos después llegamos a una zona acondicionada como merendero en el Collado de Erlaitz (449 m.), a la derecha mismo de la carretera, donde varias familias disfrutan de uno de los primeros domingos de sol. No obstante en el alto hace bastante viento y no es el sitio ideal para comer, pero estamos que nos caemos de hambre y mis pies necesitan desesperadamente una tregua.
Al llegar al alto yo estoy a punto de abandonar y bajar en autostop a Irun, pero el bocadillo reconstituyente de queso y unos buenos tragos de Isostar me convencen de afrontar con energías renovadas el último tramo de la etapa. 


A las 14:00 nos ponemos de nuevo en movimiento. Un cartel nos indica que estamos a hora y media de Irún, y con el mar ocupando la mayor parte del horizonte comenzamos a descender.
Salvo por la perspectiva de llegar al mar, cada vez más cercano, la pista es bastante monótona y aburrida, salvo por un caserío en el que han puesto un figura enorme del Olentzero que nos hace detenernos a hacer alguna foto.  


Tras pasar el Collado de Saroia (190 m.) ascendemos levemente hasta alcanzar a las 15:00 la Ermita de San Marcial (200 m.), desde donde las vistas son espectaculares, sobre todo con el espléndido día que hace.

Aquí hay otra zona de merendero, más resguardada, y que está hasta arriba de gente. 


Hacemos varias panorámicas y posados, pero no nos detenemos demasiado porque el Faro aun está lejos y luego tenemos que coger un autobús para regresar a Elizondo.


Retomamos el descenso y a las 15:40 llegamos a Irún (5 m.), contentos de pisar acera y poder parar en un bar a tomarnos algo fresco. Los pies van ya al límite de su aguante, pero a cabezones no nos gana nadie y nos resistimos a abandonar mientras tengamos tiempo y algo de energía en la reserva. Durante la bajada hemos fantaseado con la idea de dejar la ruta en Irún y retomarla otro día como ruta pintxos, exclusivamente por el gusto de llegar al Faro, pero al final nos dejamos llevar y continuamos hasta la meta.

A partir de aquí la ruta es eminentemente urbana, y la señalización es inexistente, con lo que echamos mano del mapa de www.travesiapirenaica.com. Estos últimos 9 kilómetros se hacen eternos, atravesamos todo Irún, llegamos a Hondarribia (24 m.) y dejamos atrás su playa y su puerto deportivo, para afrontar un último tramo de carretera hasta la meta. 



Nos encontramos con este enorme socavón en la carretera, huella de las últimas ciclogénesis explosivas, que aquí han golpeado con fuerza y han dejado cuantioso destrozos.



Pasamos asomándonos con mucho cuidado y pensando en el tremendo dineral que va a costar arreglar los desperfectos.



Son las 17:30 cuando alcanzamos por fin el Faro del Cabo de Higuer (42 m.), totalmente agotados pero con la satisfacción de haber cumplido el objetivo.

A nuestra espalda queda todo el Pirineo, parte lo hemos recorrido ya y parte esperamos poder recorrerlo.


Parecemos un par de bichos raros con nuestros mochilones y nuestro uniforme de montañeros, rodeados de domingueros y paseantes, y más aun cuando nos abrazamos como si acabáramos de conquistar una cima lejana. Nos da lo mismo, hemos llegado a uno de los extremos de la GR11, estamos emocionados y podemos emprender el regreso a casa tras un fin de semana más que provechoso.

Para no volver por el mimo sitio tomamos el camino que va por la costa, ya que a pesar de que la carretera está cortada por el socavón, debe haber otras comunicaciones porque hay muchísimos coches.
El sendero resulta ser una gozada, el mar era el objetivo de este fin de semana, y caminar paralelos a él nos reconforta del cansancio.


Salimos de nuevo a la zona del puerto y no nos resistimos a bajar a la playa para hacernos unas autofotos de despedida, que suponen el epílogo de la ruta por su extremo Occidental, y que esperamos poder repetir algún día en el extremo Oriental, el Cap de Creus.





Una vez cumplido con el trámite fotográfico, localizamos la parada del autobús urbano que nos lleve a Irún, y esperamos pacientemente picando unas patatuelas. son las 18:10, y no tenemos mucho rato, pero ya en Irún, y una vez tenemos claro desde dónde sale el autobús a Elizondo, nos vamos a comer unos pintxos, que nos los hemos ganado a pulso. Acompañamos además la merienda-cena con un estupendo postre de chocolate, y antes de darnos cuenta tenemos la hora de embarcar.
Regresamos a Elizondo en apenas 50 minutos, cogemos la furgoneta y nos encaminamos a Pamplona, cansados pero contentos. Pensando ya en cuándo podremos continuar con las siguientes etapas de la ruta…



Bus urbano de Hondarribia a Irun: 3.20 euros.
Bus de Irun a Elizondo: 10 euros.



martes, 29 de abril de 2014

Etapa 8 GR11: Elizondo (200 m.) – Vera de Bidasoa (56 m.), 22 de febrero de 2014

Distancia: 29,6 kilómetros
Desnivel positivo: 1.260 m.
Desnivel negativo: 1.140 m.
Cota máxima: Collado de Iñaberri (805 m.)
Tiempo de marcha: 9 horas




Hemos pasado la noche en la comodidad de nuestra furgoneta, y aquí la dejamos esperándonos hasta nuestro regreso mañana. 
Tras un estupendo desayuno empezamos a caminar a las 8:40, desafiando al frío intenso que hace esta mañana. La rosada de los pastos es buena prueba de ello, y aunque vemos algún que otro madrugador concentrado en las tareas agrícolas, lo cierto es que las únicas que nos prestan atención son las ovejas. 
Salimos de Elizondo por encima del Sanatorio, y enseguida cruzamos la carretera para internarnos en un sendero ascendente que se alterna con una pista de tierra. La nieblilla mañanera se va levantando poco a poco, aunque hay nubes altas que hacen que el día esté bastante oscuro.











Nada más comenzar a andar nos damos cuenta de lo diferente que es este entorno del Pirineo que hemos conocido hasta ahora. La ausencia de altos picos, la vegetación, la explotación humana del paisaje y el hecho de que nos crucemos en sucesivas ocasiones con carretiles asfaltados y carreteras, nos llama la atención y nos recuerda lo lejos que queda ahora Parzán, donde dejamos la GR11 el pasado verano…













El camino asciende cómodamente pero enseguida comenzamos a notar que nos sobra la ropa, y aprovechamos las paradas para hacer fotos para ir desprendiéndonos de algunas capas. 
A eso de las 9:30 ya hemos ganado altura y tenemos una buena panorámica de Elizondo y sus alrededores, vemos que allá a lo lejos asoman las primeras nieves, aunque este fin de semana no nos acercaremos a ellas, sino que vamos en dirección contraria.


Por delante tenemos caminos anchos y transitados, entre campos e incluso con pequeñas puertas, lejos de aquella piedra desnuda y gris que abunda en las montañas. Aquí y allá aparecen caseríos y rebaños de ovejas que lucen sus abrigos invernales de lana tupida.












A las 9:45 nos cruzamos con la carretera que sube de Elizondo, y la seguimos hasta el Plano de Amezti (555 m.), un bonito claro de un verde brillante donde hay un merendero y una fuente.

Desde aquí nos queda la friolera de 25,7 kilómetros hasta Vera, alrededor de 7 horas y media de caminata. Nos queda la duda de si realmente necesitábamos ese dato…


Dejamos atrás la carretera y nos sumergimos en un camino sombrío, rodeado de hayas, de esos que nos gustan porque nos recuerdan a Irati. 
La alfombra de hojas rojizas nos cubre por completo las botas y el musgo recubriendo las piedras ofrece un contraste cromático maravilloso.
De vez en cuando vemos alguna pequeña cascada, fruto de las lluvias de las últimas semanas, que han caído sin descanso.

















Continuamos ascendiendo cómodamente pero sin tregua, y a las 11:00 alcanzamos el Collado de Iñaberri (805 m.), entre las cimas de Urruzpil y Landazarreta. En esta parte de la ruta, los postes indicativos marcan también la altitud, lo cual resulta bastante práctico.
La vista desde el collado es preciosa, las elevaciones del paisaje se suceden y los pastos verdes se alternan con zonas boscosas, aun con colores invernales. Las nubes cumplen la predicción para este fin de semana y comienzan a marcharse, lo cual nos alegra sobremanera porque a estas alturas de invierno un poco de sol ya apetece.


Llaneamos uniendo los Collados de Iñaberri y Bagatxeta, prácticamente equiparados en altitud, y a las 11:20 comenzamos el descenso por un sendero estrecho pero muy bien marcado. 
A las 11:50 llegamos al Collado de Eskisaroi (525 m.), donde la señal de rigor nos informa de que nos quedan hasta destino 19,2 kilómetros y alrededor de 6 horas. Bueno, todavía queda, pero es pronto y seguimos con energías.


A partir de aquí el camino es por pista, entre caseríos, pastos y rebaños, como es la tónica del día. Avanzamos cómodamente y a buen ritmo, superando el Collado de Alzu (510 m.) y la posterior subida y bajada hasta el Collado de Ursumia (550 m.). 
Observamos cómo la vegetación comienza a cambiar, apareciendo pinos y castaños, aunque los grandes robles siguen estando presentes. Incluso el aire es más cálido a partir de este punto, señal inequívoca de que nos acercamos a la costa…

A las 12:20, asoma por una pequeña ventana en el horizonte el Mar Cantábrico, final por el Oeste de la GR11, y nuestro objetivo particular de este fin de semana. 

Aprovechamos para hacer una pausa y picar algo para engañar al estómago, ya que aun no queremos parar a comer.


Continuamos con el sube y baja de la etapa, hasta el Collado de Irazako (530 m.), donde no podemos evitar parar a hacer fotos a los ponis que pastan tranquilamente. Son ya casi las 13:00, y aun queda mucho camino por delante.









Nos despistamos tras el Collado y en vez de continuar recto giramos a la derecha por una pista que desciende. Bordeamos el Centinela (662 m.) y conectamos con la HRP, con lo que aun vemos alguna marca, pero unos 40 minutos después llegamos a una encrucijada de varias pistas, donde no sabemos qué camino tomar. Nos decantamos por uno que se dirige a los pies de Arxuria (758 m.), donde nos encontramos con una pareja que nos orienta sobre cómo reenganchamos a la GR11.
En cuanto nos vemos ubicados en el buen camino paramos a comer en un claro rodeados de grandes robles, y en apenas 20 minutos devoramos con ansia el bocadillo de tortilla que dejamos preparado ayer. Nuestros pies saborean igualmente el rato de descanso, porque la distancia acumulada se empieza ya a notar. 

Retomamos la marcha a las 14:30 en dirección al Collado de Xorilepo, donde se encuentra la bifurcación de la ruta: el camino que lleva a Lesaka (variante GR11.13) y el que lleva a Vera, que es el que nosotros tomaremos. Alcanzamos el Collado de Nabarlatz (477 m.) y continuamos siguiendo las indicaciones hacia Xorilepo, que en nuestro mapa no aparece, pero que es sin duda el camino hacia Vera y Lesaka. 
Son las 14:50 y aun nos quedan 10 kilómetros de camino, o lo que es lo mismo un tercio de la etapa por delante. 

A partir de ahora caminamos literalmente sobre la frontera por una pista ancha, que va dejando a ambos lados las Palomeras de Etxalar. Nos preguntamos si con tanta gente apostada a los lados dispuesta a dispararles habrá alguna paloma que consiga pasar ilesa el peaje, y vemos que hay construcciones sólidas y otras bastante rudimentarias a las que no tenemos claro si nos subiríamos o no.

















Llegamos al Puerto de Lizarrieta (441 m.) a las 15:20, que presenta un aspecto bastante desolado. Hay un bar en la misma muga, pero en invierno está cerrado (aunque guardábamos alguna esperanza de que estuviera abierto, la verdad), así que continuamos ruta, ahora en claro descenso, enfilando los últimos 8 kilómetros de la jornada.


Mientras caminamos nos llama la atención que a estas alturas ya se empiezan a ver las primeras flores. Como venimos de los días grises y lluviosos de Pamplona, no podemos evitar fotografiarlas y alegrarnos de que la primavera se acerca inexorablemente.

Y como suele suceder, en primavera persisten las lluvias, y hoy las nubes se han ido cerrando poco a poco, así que no descartamos mojarnos antes de llegar al destino… 

Pasamos el Collado de Idoia (260 m.) y sobre las 16:00, desde lo alto de Santa Bárbara (337 m.) divisamos por fin Vera de Bidasoa, allá abajo, y aunque ver la meta reconforta, la bajada aun promete hacerse larga. 
A ratos por pista y a ratos por camino continuamos avanzando, ya bastante cansados y con los pies algo resentidos, cada vez con más ganas de llegar. 


A las 17:00 enfilamos la última parte de la etapa, que incluye una bajada bastante pronunciada a través de un campo, que hacemos bajo una persistente aunque breve borrasca que nos obliga a parar para abrigarnos como es debido. Nos cuesta más vestirnos y desvestirnos de lo que dura la propia lluvia, pero es lo que toca, aun quedan 3 kilómetros y no queremos recorrerlos empapados.

Comienzan a aparecer las primeras casas y caseríos, entramos en caminos asfaltados y cercados y tras alguna vuelta que otra y un pequeño despiste en un punto en el que la señalización es algo confusa, desembocamos por fin en el pueblo de Vera (56 m.) a las 17:40, exhaustos.


Vamos directamente al hostal y nos regalamos una más que merecida cerveza/aquarius. Las piernas se agarrotan a la mínima y nos las vemos para subir las escaleras hasta la habitación tras la parada en la terraza.

Un buen baño con agua caliente nos deja como nuevos, y salimos en busca de algún bar para cenar con idea de acostarnos en cuanto terminemos de masticar.  


El Hostal Auzoa es una opción muy recomendable, las habitaciones están muy bien y dispone de una zona de cocina-comedor común para todos los huéspedes, donde no se puede cocinar porque no hay fuegos, pero se puede llevar hornillo y apañarse. Tiene microondas y nos encontramos con la agradable sorpresa de que nos dejan casi preparado el desayuno para mañana (leche, zumo, café, galletas…) a falta de algún vicio que nos compramos para completarlo. 


Hamburguesa en Errekalde: 14 euros.
Noche en Hostal Auzoa: 60 euros.



sábado, 19 de abril de 2014

Etapa 7 GR11: Refugio Es Plans (1.560 m.) – Parzán (1.144 m.), 23 de agosto de 2013

Distancia: 17,9 kilómetros
Desnivel positivo: 945 m.
Desnivel negativo: 1.359 m.
Cota máxima: Collata Chistau (2.314 m.)
Tiempo de marcha: 7 horas



La noche ha tenido una banda sonora de lo más completa, por un lado una buena serenata de ronquidos y por otro, de lloros de los perros pidiendo salir a la calle en repetidas ocasiones. De no haber sido por esto habríamos dormido genial, el sitio es bastante cómodo, sobre todo teniendo en cuenta que ha seguido lloviendo durante buena parte de la noche, y lo de estar resguardados y calentitos tiene su punto.

Nos levantamos los primeros, recogemos todo sin hacer ruido y bajamos al piso inferior para empaquetar la mochila.
El día está despejado y el río ha vuelto a su ser dejando el puente al descubierto, así que para las 7:30 estamos camino del Camping Forcallo dispuestos a disfrutar de un desayuno como Dios manda. Este camping es una auténtica gozada, dispone de lo necesario para estar cómodo, hay buen ambiente porque es pequeño y casi familiar, y el entorno es sencillamente maravilloso.

Junto con una pareja de franceses somos los únicos que han madrugado tanto, y tenemos el bar/comedor para nosotros. Desayunamos a base de tostadas, bollería, colacao, café y zumo, saboreando y disfrutando de lo lindo.


A las 8:25 nos ponemos en marcha, con la ropa que llevábamos ayer estratégicamente distribuida sobre la mochila para ver si al sol se seca.

Retomamos la ruta por la pista que desciende paralela al Río Zinqueta, y a los pocos minutos paramos en la Fuen d´es Chelfos que está en el margen derecho, a coger agua.

Después de la dura bajada de ayer agradecemos llanear un poco para ir estirando las piernas, y como la pista está sombreada a esta hora, vamos a buen paso charlando cómodamente y disfrutando del paseo. 



Hacia las 9:00 se termina el llanear y comenzamos a ascender, todavía por pista, así que seguimos en “modo paseo”, haciendo fotos idiotas y empezando a quitarnos capas de ropa en cuanto salimos al sol.

A nuestra espalda la granizada de ayer parece nieve sobre las laderas de los picos, y nos despedimos del Posets, esperando volver en otro momento por aquí para ascenderlo.


Recortamos los zigzgas de la pista cruzando por varios caminillos, y una vez pasadas las Bordas de Lisier, la pista se convierte definitivamente en senda.

Sobre las 9:50 salimos al claro conocido como Plan d´Es Carlistas, donde cientos de saltamontes de tamaños y colores variados salen despavoridos a nuestro paso. Intentamos sin éxito captar el movimiento con la cámara.




El camino asciende sin complicaciones, la etapa de hoy no tiene grandes collados, y eso se nota en el paisaje, que es más verde y más suave. 



Cruzamos el Barranco la Basa a las 11:40 por un puente de esos que parecen sacados de un cuento y continuamos el ascenso por senda bien marcada y sin cruzarnos con nadie.








El río tiene algún que otro salto con su correspondiente poza debajo, y no nos cuesta imaginarnos por aquí pasando tranquilamente un fin de semana dando algún paseo y bañándonos…

A nuestra derecha y conforme vamos ganando altura, vemos la Sierra Picaruela, con amplios pastos y un horizonte sin grandes picos rocosos.

A las 11:00 alcanzamos la Cabaña Sallena, o lo que queda de ella, más bien, ya que está totalmente destruida.





Seguimos ascendiendo por el Vallecillo de Montarruego y cruzamos el barranco del mismo nombre. Las vistas sobre el valle cada vez son más bonitas, allá a lo lejos se va quedando ya el Posets (2.368 m.) y la tremenda bajada de ayer para llegar a Biadós.

A las 12:00 coronamos la Collata Chistau (2.314 m.), y nos encontramos arriba con unos que han subido por la pista en quad, un dolor para la vista y una perturbación del silencio que no terminamos de entender.
En lo alto del puerto hay una cabaña en buen estado, en la que valdría quedarse a dormir solo por disfrutar de un atardecer y un amanecer con esas vistas. La inspeccionamos con detalle y seguimos camino.























La senda baja por la ladera derecha del valle, recortando un amplio zigzag que da la pista forestal.

Paramos a comer en el mismo camino, con vistas al valle, y degustamos nuestras últimas provisiones frías: una lata de pulpo y unas almendras, un menú más bien escaso con el que esperamos engañar al estómago hasta nuestra llegada a destino.





A las 12:45 ya hemos perdido bastante altura y el barranco comienza a quedar más cerca, escuchamos el rumor del agua, que siempre anima, y continuamos bajando, ahora ya por pista.








Son las 13:15 cuando divisamos la Central Eléctrica de Ordizeto (1.940 m.), que vista desde arriba no es fea, pero que desde abajo desluce bastante el paisaje.




Para las 14:00 ya estamos oficialmente hasta el gorro de la pista, hace un calor tremendo y no vemos la hora de llegar al pueblo. 
La pista continua paralela al Barranco d´Ordizeto, hasta qué éste desemboca en el Río Barrosa, ya a nivel de la carretera. Cruzamos para alcanzarla el Puente de Pozilcas y aun nos queda por delante kilómetro y medio de asfalto bajo un sol de justicia, lo que faltaba para un descenso aburrido… 
Son las 15:30 cuando llegamos a Parzán (1.144 m.) y nos sentamos a tomar algo fresco y una estupenda ración de calamares. 

Buscamos sitio para dormir y siguiendo la recomendación de unos amigos, terminamos en el Hostal La Fuen. Nos damos una ducha, echamos la siesta y planificamos la etapa de mañana, estamos a la espera de saber si se unirán a nosotros unos amigos, y con un ojo puesto en el cielo y otro en la predicción para los próximos días. 

A la mañana siguiente decidimos dejar aquí la ruta y regresar a casa, el tiempo para los próximos días empeora claramente y nuestros amigos al final no vienen, con lo cual recogemos la mochila y emprendemos el regreso a Pamplona. Como hemos perdido el autobús de la mañana, el trayecto nos llevará casi todo el día: autostop hasta Bielsa, autobús a Ainsa, de ahí autobús a Barbastro, luego autobús a Zaragoza, y por fin un último viaje en autobús hasta Pamplona. 
Por una parte abandonamos con pena porque el plan era llegar a Panticosa y teníamos ganas de ascender Monte Perdido, pero por otro lado, llegar a casa siempre se coge con gusto, y ahora nos quedan tres semanas completas aun de vacaciones, así que… 


Desayuno en el Camping Forcallo: 7 euros/persona. 
Noche de hotel, cena (plato combinado) y desayuno para dos personas: 72 euros. 
Viaje de vuelta a Pamplona: 34 euros/persona.